Martes, 06 de mayo de 2008

Él es José Alberto Gutiérrez, ex conductor de un carro de Lime -empresa recolectora de basura-. Mil de los 4.000 textos que hay en su casa tienen ese origen.De la basura sacó un Corán. Es de pasta verde y tiene el sello de la Embajada de la República Islámica de Irán en Bogotá. Lo guardó sin que sus compañeros se dieran cuenta y se lo llevó a su casa.

Lo puso en su biblioteca personal, que en ese momento -hace ochos años- tenía unos 600 libros, porque siempre ha sido un aficionado a la lectura. En los recorridos por el norte y de los tarros de los desechos, siguieron saliendo libros. Uno grande titulado Aproximación al Libertador. Uno ancho llamado Al común, dedicado a uno de los más conocidos comentaristas deportivos radiales de país. Un Inventario, de Mario Benedetti. Los tomos 1 y 2 de El enigma sagrado, de M. Baigent. Amores de todo el mundo, de varios autores. Respuesta a todo, perfecto para tareas. Dianética, de L. Ronald Hubbard. Juicio universal, de Giovanni Papini (tres tomos). Una Biblia, etc.Los fue cogiendo de a uno porque por norma ningún empleado de la empresa puede llevarse algo de la basura. Pero la cantidad de libros que aparecían en los recorridos era tan grande, que sus compañeros de trabajo empezaron a ayudarlo. Así fue ampliando su biblioteca que, de paso, se volvió pública. Gutiérrez, de unos 50 años, cuenta que está cumpliendo un sueño: "Tener siempre qué leer y poner a disposición de la gente de mi barrio, La Nueva Gloria (suroriente de BogotáGui?o, una biblioteca".

Hoy tiene unos 4.000 libros que usan los niños y adultos de las cuadras aledañas, así como los del barrio de al lado.

Afirma, con sencillez, que siente que cumple una labor. "Porque la biblioteca más cercana queda en La Victoria, que es lejos".No juzga a las personas que botan los libros. "De ellos pasaron a mí y eso es lo importante", dice, mientras le busca a Érika Rodríguez, estudiante de derecho, un código que necesita.

-Via doluye-

 


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