Jueves, 13 de diciembre de 2007
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?Cualquiera puede ser un asesino?
Cuando, a finales de los a?os sesenta, Adolf Eichmann fue juzgado por los cr?menes contra la humanidad cometidos durante el r?gimen nazi, el mundo entero se pregunt? c?mo era posible que alguien llegara a cometer semejantes atrocidades a millones de personas inocentes. Muchos pensaron que Eichmann ten?a que ser un loco o un s?dico y que no era posible que fuese como el resto de las personas normales que caminan junto a nosotros cada d?a por las calles.

El Experimento

A trav?s de anuncios en un peri?dico Milgram seleccion? a un grupo de 1000 hombres de todo tipo de entre 25 y 50 a?os de edad a quienes pagaron cuatro d?lares y una dieta por desplazamiento por participar en un estudio sobre ?la memoria y el aprendizaje?. Estas personas no sab?an que en realidad iban a participar en una investigaci?n sobre la obediencia.

Cuando cada participante llegaba al impresionante laboratorio se encontraba con un experimentador (un hombre con una bata blanca) y un compa?ero que, como ?l, iba a participar en la investigaci?n.

Uno era designado para hacer de ?maestro? y al otro le correspond?a el papel de ?alumno?. La tarea del maestro consist?a en leer pares de palabras que el alumno deber?a ser capaz de repetir. Si fallaba, el maestro tendr?a que darle una descarga el?ctrica como una forma de reforzar el aprendizaje. El experimentador les explica que las descargas pod?an ser extremadamente dolorosas y antes de comenzar les aplica a ambos una de 45 voltios para ?probar el equipo?, lo cual permit?a al maestro comprobar la medianamente desagradable sensaci?n a la que ser?a sometido el alumno.

El experimento comienza. Los errores iniciales son castigados con descargas leves que van en aumento. A partir de los 120 voltios el alumno grita diciendo que las descargas son dolorosas. A los 135 a?lla de dolor. A los 150 anuncia que se niega a continuar. A los 180 grita diciendo que no puede soportarlo. A los 270 su grito es de agon?a, y a partir de los 300 voltios est? con estertores y ya no responde a las preguntas. Cada vez que el maestro intenta detenerse el experimentador le dice impasible: ?Por favor, contin?e?. Si sigue dudando utiliza la siguiente frase: ?El experimento requiere que contin?e?. Despu?s: ?Es absolutamente esencial que contin?e? y por ?ltimo: ?No tiene elecci?n. Debe continuar?. Si despu?s de esta frase se segu?a negando, el experimento se suspend?a.

En realidad el alumno era siempre un c?mplice (un actor) del experimentador que no recib?a descarga alguna y que fallaba las preguntas a prop?sito. Lo que el ingenuo maestro escuchaba era una grabaci?n con gemidos y gritos de dolor que era la misma para todo el grupo experimental, y que el actor gesticulaba. Sin embargo estas personas no sab?an nada del enga?o hasta el final de experimento. Para ellos los angustiosos gritos de dolor eran reales.

Estudios previos al experimento hab?an predicho un promedio de descarga m?xima de 130 voltios y una obediencia del 0%. Pero los datos obtenidos sorprendieron a todos: el 62′5 % de los sujetos obedeci? hasta el final, llegando a los 450 voltios, incluso aunque despu?s de los 300 el alumno no daba ya se?ales de vida. Investigaciones similares posteriores han arrojado siempre resultados id?nticos
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