Domingo, 01 de julio de 2007
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Su increible historia.
ason McElwain naci? el 1 de octubre de 1987 en Rochester, un suburbio de la ciudad de Nueva York. Desde muy peque?o mostr? una gran pasi?n por el deporte de la canasta, as? que a nadie extra?? que al entrar al instituto se enrolara en las filas de los Trojans, el equipo de baloncesto del centro. A partir de ese momento, y durante tres a?os, J-Mac, que es como lo conocen sus compa?eros, acudi? puntual como un reloj a todos los entrenamientos y partidos. Controlaba las estad?sticas, repart?a agua, animaba a los jugadores, pero jam?s jugaba. ?Los motivos? Su baja estatura? y que Jason es autista.

No comenz? a hablar hasta que cumpli? los 5 a?os y a?n hoy en d?a tiene dificultades para comunicarse, no interpreta el lenguaje corporal y carece de las llamadas habilidades sociales. Pero estas limitaciones las compensa con una tremenda fuerza de voluntad y unas ganas innatas por mejorar. As? las cosas, y a pesar de los problemas asociados a su discapacidad, la vida de Jason era muy similar a la de cualquier otro joven de su edad. Pero todo cambi? el pasado 16 de febrero, cuando los Trojans disputaron el ?ltimo partido de la temporada regular ante el Spencerport. Ese d?a el entrenador Johnson, como premio al arduo trabajo que hab?a venido realizando durante tanto tiempo, quiso premiarle haci?ndole jugar.

Empez? en el banquillo, pero a falta de 4 minutos para el final del encuentro, y con una ventaja de 20 puntos a su favor, lleg? el momento tan esperado. Enfundado en la camiseta n?mero 52 y con una cinta al pelo, Jason entr? a la cancha ante los aplausos de una grada entregada y llena hasta los topes. A los pocos segundos de debutar, recibi? un bal?n y se jug? un triple que no toc? ni aro. Fue una aut?ntica piedra vaya. En el siguiente ataque sus compa?eros volvieron a asistirle y Jason hizo un tiro cercano a canasta? que tampoco entr?. Era lo normal teniendo en cuenta las circunstancias que rodeaban al partido, as? que a nadie extra?aron los fallos.

Pero el destino es caprichoso, y ese d?a nuestro protagonista estaba llamado a hacer grandes cosas. En la tercera posesi?n que ten?an, recibi? el bal?n y se jug? otro triple desde 7 metros, pero esta vez entr?. El sue?o se hab?a tornado en realidad y la grada estall? en una ovaci?n atronadora para felicitarle por lo que acababa de hacer. Lo que en ese momento nadie sab?a era que la exhibici?n de Jason acababa de comenzar. En la siguiente jugada, volvi? a jugarse otro triple? que volvi? a anotar. A continuaci?n, y casi sin tiempo para asimilar lo que acaba de suceder, J-Mac volvi? a lanzar a canasta desde m?s all? de la l?nea de 6,25 y la volvi? a clavar. Ya iban 3 triples en menos de un minuto. La gente alucinaba. Con raz?n.

La grada coreaba su nombre, sus compa?eros de equipos no daban cr?dito a lo que estaban contemplando y los rivales? bueno, los rivales bastante ten?an con intentar parar al arma secreta que los Trojans acababan de meter en pista. Pero no pod?an. Era imposible. Cuando quedaban menos de 2 minutos para la finalizaci?n del encuentro, Jason volvi? a recibir un bal?n en ataque y, c?mo no, se la volvi? a jugar. El chaval estaba en racha y se tiraba hasta las zapatillas. Pero lo bueno es que volvi? a anotar. Lo mismo sucedi? en la siguiente jugada. Y en la siguiente, aunque esta vez la canasta fue de 2 puntos. Jason no tuvo compasi?n con el rival, que vio c?mo anot? su sexto triple sobre la bocina que marcaba el fin del encuentro.

En apenas 4 minutos hab?a anotado 20 puntos, el r?cord en la historia del instituto. Ni que decir tiene que al acabar el partido, la grada salt? a la pista para felicitar al h?roe del d?a, que sali? del campo a hombros.

Con estos mimbres, la exhibici?n de Jason ten?a todos los ingredientes para acabar convirti?ndose en una leyenda urbana que los padres explicar?an a sus hijos durante generaciones. Pero el ?problema? fue que uno de los espectadores que asisti? al encuentro lo hizo c?mara en mano y grab? el partido.



El boca a boca hizo el resto, y al d?a siguiente las principales cadenas de televisi?n de Estados Unidos emitieron las im?genes. Lo mismo hicieron las de medio mundo. Fue tal el impacto, que numerosos medios de comunicaci?n dedicaron especiales a la vida de Jason, que dej? de ser un chico normal y corriente para convertirse en toda una celebridad.

Desde entonces ha acudido al programa de Oprah Winfrey, ha conocido a George Bush, a Magic Johnson, ha recibido el premio que la ESPN concede al mejor momento deportivo del a?o, ha hecho el lanzamiento de honor en un partido de baseball, han compuesto una canci?n en su honor? son tantos los reconocimientos que no acabar?a nunca.

Y es que la historia lo merece. Es digna de una pel?cula de Hollywood. Bueno, de hecho, sus padres ya han alcanzado un acuerdo con Columbia Pictures para que esta productora sea la encargada de llevar a la gran pantalla la haza?a de Jason.
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