S?bado, 16 de diciembre de 2006
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El esposo complaciente

Marqu?s de Sade

Toda Francia se enter? de que el pr?ncipe de Bauffremont ten?a, poco m?s o menos, los mismos gustos que el cardenal del que acabamos de hablar. Le hab?an dado en matrimonio a una damisela totalmente inexperta a la que, siguiendo la costumbre, hab?an instruido tan s?lo la v?spera.
-Sin mayores explicaciones -le dice su madre- como la decencia me impide entrar en ciertos detalles, s?lo tengo una cosa que recomendarte, hija m?a: desconf?a de las primeras proposiciones que te haga tu marido y cont?stale con firmeza: ?No, se?or, no es por ah? por donde se toma a una mujer decente; por cualquier otro sitio que te guste, pero por ah? de ninguna manera....?

Se acuestan y por un prurito de pudor y de honestidad que no se hubiera sospechado ni por asomo, el Pr?ncipe, queriendo hacer las cosas como Dios manda al menos por una vez, no propone a su mujer m?s que los castos placeres del himeneo; pero la joven, bien educada, se acuerda de la lecci?n:

-?Por qui?n me tomas, se?or? -le dice-. ?Te has cre?do que yo iba a consentir algo semejante? Por cualquier otro sitio que te guste, pero por ah? de ninguna manera.

-Pero, se?ora...

-No, se?or, por m?s que insistas nunca acceder? a eso.

-Bien, se?ora, habr? que complacerte -contesta el Pr?ncipe apoder?ndose de su altar predilecto-. Mucho me molestar?a que dijeran que quise disgustarte alguna vez.

Y que vengan a decirnos ahora a nosotros que no merece la pena ense?ar a las hijas lo que un d?a tendr?n que hacer con sus maridos.
Comentarios
Publicado por istharb
S?bado, 16 de diciembre de 2006 | 11:18
Ehhh, eso le faltaba, la fotograf?a. Gracias. Un beso