Viernes, 08 de diciembre de 2006
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Un m?todo muy antiguo.
Hoy en d?a el mundo est? repleto de anuncios y comerciales de todo tipo, desde anuncios personales de hombres que buscan mujeres y mujeres que buscan hombres hasta anuncios comerciales de emprendedores buscando patrocinadores. Incluso hasta la amistad se anuncia como si fuera un bien preciado dispuesto a ser entregado a quien m?s lo necesite. Sin embargo, hubo un tiempo donde los anuncios no eran cosa de todos los d?as y de hecho, m?s en el pasado, donde los anuncios siquiera exist?an. De todas maneras siempre hay una primera vez, un pionero que adelant?ndose a todos los dem?s divisa un m?todo novedoso para obtener lo que desea.

Es as? que un d?a como cualquiera, pero de hace tres mil a?os, un esclavo, cansado de trabajar constantemente en el telar y deseoso de libertad, logra escapar de su amo. Este, indignado por el atrevimiento de su sirviente, decide publicar un anuncio -del que los historiadores y antrop?logos aseguran ser el primer anuncio publicitario del que se tenga constancia- el cual dice lo siguiente:

?Habiendo huido el esclavo Shem de su patrono Hapu, el tejedor, ?ste invita a todos los buenos ciudadanos de Tebas a encontrarle. Es un hitita, de cinco pies de alto, de robusta complexi?n y ojos casta?os; a quien lo devuelva a la tienda de Hapu, el tejedor, donde se tejen las m?s bellas telas al gusto de cada uno, se le entregar? una pieza entera de oro.?

Es imposible saber si el Hitita Shem alcanz? la libertad o volvi? a la esclavitud, pero al menos su nombre qued? inmortalizado como precursor de algo que en el futuro se volver?a end?mico: la publicidad. El papiro en el que aparece el anuncio se encuentra actualmente en el British London Museum
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