Domingo, 26 de noviembre de 2006
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La peque?a isla de Cabrera, perteneciente al archipielago Balear, es actualmente un peque?o paraiso natural lleno de especies increibles y de una playa muy virgen que han echo de ella un precioso y valorado parque natural. Pero Cabrera tiene un pasado que seguro no quiso tenerlo.

El 19 de julio de 1808, tras la victoria en la trascendental batalla de Bail?n, el ej?rcito del general Casta?os hizo prisioneros a varias decenas de miles de soldados napole?nicos. Los franceses fueron concentrados en Sanl?car durante varios d?as, bajo el compromiso de ser repatriados a Francia, hasta que el Gobernador de C?diz decidi? no respetar el acuerdo y embarcarlos en ocho nav?os con destino a Canarias y Baleares.

Pocos d?as despu?s, unos 9.000 prisioneros franceses fueron abandonados a su suerte en la peque?a isla de Cabrera. El propio islote, de apenas 16 km2, constitu?a una c?rcel de la que no hab?a manera de escapar; un p?ramo desierto sin agua ni comida para tantas personas.

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En poco tiempo se acabaron los recursos de la isla, los escasos conejos y lagartos que viv?an entre sus piedras, y los 9.000 hombres entraron en una situaci?n de absoluta desesperaci?n. Algunos empezaron a comer hierbas silvestres, insectos, lagartijas? se dieron casos de antropofagia que fueron castigados con pena de muerte.

Durante cinco largos a?os las autoridades espa?olas se olvidaron de aquellos prisioneros. Cuando regresaron, al acabar la guerra, de los 9.000 franceses solo quedaban 3.600 con vida. La isla qued? sembrada de huesos y de inscripciones de los prisioneros en las rocas, testigos mudos de aquel horror.

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