
A finales de 2006, Müller empezá a sentirse mal. Sufría fuertes dolores de cuello y náuseas, por lo que se sometió a diversos análisis médicos. Tras numerosos exámenes que no arrojaban información alguna sobre los motivos de su dolencia, los doctores recurrieron a la última opción: un escáner cerebral. "Nadie esperaba encontrar nada. Me lo hicieron sólo para confirmar que todo estaba bien", recuerda Müller, quien guarda en su memoria las palabras exactas sobre el diagnóstico: "Hay algo en tu cabeza que no debería estar".
En noviembre de ese año, el portero germano era operado de un tumor cerebral maligno. Sorprendentemente, dos meses más tarde, durante los cuales se sometió a intensas sesiones de quimio y radioterapia, Müller, que asegura que nunca pensó "en dejar mi carrera", regresó a la competición pese a ser advertido por los médicos de que el tumor podía reaparecer.La noticia de que tiene un glioblastoma en el cerebro, un tumor de cuarto grado, especialmente agresivo y de crecimiento muy rápido, no ha quitado a Müller las ganas de seguir jugando al hockey hielo y, por el contrario, parece haberle dado fuerzas para seguir luchando por hacer historia en este deporte. "Entrena con un empeño increíble y ha avanzado mucho", asegura el director deportivo de su club, Rodion Pauels.
Por su parte, Müller afronta sudestino con la mayor positividad posible. "No tengo dolores y me siento bien. Tengo que vivir con el tumor, que no va a desaparecer del todo. Sólo me resta ser positivo. Y quiero que se me trate como a cualquier otro jugador, no necesito compasión", reclama. Todo un ejemplo sin duda.