Adam tiene 8 años y perdió la pierna en los primeros meses de vida a consecuencia de un cáncer. Al principio, cuando el chico les dijo que quería jugar al béisbol, sus padres se mostraron escépticos, pero después comprendieron que sobreprotegerle no tenía sentido. Ahora es sólo un chico más de los que juegan en el parque, y un ejemplo de coraje para todos.