
Perdió Dumas y, acto seguido, entró en su despacho. Cerró la puerta y sus amigos, cabizbajos, escucharon el disparo. Pero, al instante, apareció Dumas fumándose un puro y acto seguido dijo:
«Señores, ha ocurrido un desastre inesperado -dijo, solemne-. He fallado»