
Durante varios años, los talibanes utilizaron este lugar para realizar algunas ejecuciones masivas. Se dice que subían a homosexuales y disidentes a lo alto de los trampolines y les hacían saltar sobre la piscina vacía. Cuando las tropas internacionales entraron en la ciudad en 2001, la sangre de los ejecutados aún estaba sobre el pavimento.
Éste es solo uno de los lugares abandonados en los que juegan los niños de Kabul. Después de 30 años de guerra, y pese a los esfuerzos de reconstrucción, algunos edificios de la ciudad siguen estando tal y como quedaron por el efecto de las bombas.

Se calcula que desde la caída de los talibanes en 2001, más de 3,5 millones de refugiados afganos regresaron a sus hogares. Al no encontrar sus viejas casas, muchos optaron por instalarse entre los edificios destruidos.