Queridos Samala y Brujo.-
Recién acabo de enterarme del fallecimiento de vuestro querido padre.
Desde la distancia que nos separa, a la vez que nos une, solo puedo daros un fuerte abrazo y expresaros mi disponibilidad para con vosotros si la precisáis.
Ahora entráis en una etapa dolorosa y estresante.
A buen seguro que, a estas horas, cada poro de vuestra piel es consciente del vacío que deja un ser querido tras su marcha.
Tendréis la sensación de que ese vacío procede de todas partes, a la vez que inunda vuestro corazón y la capacidad de soporte de vuestras lágrimas.
Así comienza el proceso de duelo, que ahora tenéis que construir.
Estoy seguro que, como lo haréis correctamente, más adelante pasaréis a una etapa de aceptación y, finalmente lo asumiréis como una parte más del camino, tanto vuestro como de vuestro padre.
Os recomiendo que exterioricéis vuestros sentimientos. Los que tengáis a cada momento. No los escondáis, ni los reprimáis, ni los neguéis.