El veneno de moda
En nuestra agencia (refiriéndose al KGB), el veneno solo era una herramienta de trabajo más”, declaró Alexander Litvinenko en una entrevista al diario The Times. Sin pelo, y con el hígado, los riñones y la médula espinal deshechos, Litvinenko agonizó en un hospital londinense hasta su muerte el pasado 23 de noviembre. ¿La causa? Según los indicios, fue envenenado con un isótopo radiactivo: polonio 210.
Una sola décima de microgramo de este compuesto ya es letal, y a igual cantidad es ¡un millón y medio! de veces más tóxico que el arsénico. Se sospecha que el polonio que le mató pudo ser disuelto en una comida o bebida, o incorporado a su cigarro, ya que inhalado con el humo es diez veces más mortífero que ingerido con un té. Un nuevo capítulo en la historia del veneno como arma homicida.
Porque desde la cicuta de Sócrates al polonio de Litvinenko se han multiplicado los esfuerzos por hallar sustancias cada vez más letales.
Los isótopos radiactivos, como el polonio 210, son el veneno de moda. Pero los criminales siguen buscando toxinas cada vez más letales y difíciles de detecta