Increible pero cierto.
A principios de 1970 las autoridades de Fort Lauderdale, en Florida, diseñaron un plan para enriquecer la vida marina de sus costas: alrededor de dos millones de neumáticos fueron arrojados al mar con la intención de crear un gran arrecife que acogiera a cientos de peces y especies marinas, sin embargo, los planes no salieron como esperaban.
Unas quince hectáreas de fondo oceánico permanecen desde entonces cubiertas por neumáticos de todos los tamaños. Después de 30 años, el arrecife se ha convertido en una auténtica máquina de destrucción ambiental. Cada vez que hay una marea fuerte, no digamos ya si se trata de huracanes o tormentas tropicales, los neumáticos son violentamente arrastrados por el fondo y destrozan los arrecifes naturales al chocar contra ellos. Por si fuera poco, las corrientes arrastran los neumáticos hacia la costa, convirtiendo las playas en un improvisado cementerio de ruedas.
Para los buceadores, la mera visión de este bosque de caucho resulta dantesca. Los neumáticos se extienden bajo el océano a lo largo de más de dos millas componiendo una extraña alucinación. Para sacarlos, las autoridades locales han diseñado un plan que costará millones de dólares y requerirá la intervención del Ejército.
Los arrecifes artificiales son una solución relativamente frecuente en muchos lugares del mundo. Se recurre a ellos para regenerar la vida submarina, a menudo son muy útiles para recuperar ecosistemas sensibles o para crear nuevos recursos de pesca. En teoría lo más lógico es la utilización de grandes bloques de hormigón o estructuras de acero, pero en la vida real siempre se termina utilizando el material que se tiene más a mano. Los hay echos de aviones, trenes y como decia al principio de neumáticos,
¿quieres ver un intento fallido?