Madre
“La más bella palabra en labios de un hombre es la palabra madre, y la llamada más dulce: madre mía.”
Esta frase de un ensayista libanés cuyo nombre no recuerdo me viene como anillo al dedo para empezar mi “homilía dominguera” de hoy, porque hoy como seguramente mañana o como ayer o como
cualquier día debemos tener siempre un recuerdo, un sitito en nuestro tiempo para ese personaje que con dolores y sufrimiento nos trajo al mundo y que es nuestra madre.
El amor de una madre es el ejemplo de altruismo total, es amor en estado puro, amor sin pedir nada a cambio, amor sin barreras ni fronteras. Cuanta paciencia la de una madre, cuantas noches desveladas por sus hijos, por los primeros dientes, por el temor de estos a la oscuridad, por sus penas, por sus amores, por sus problemas.
Cuanto sufrimiento pasa una madre por sus hijos y sin embargo nunca pide nada a cambio, al revés, siempre tiene un rincón en su corazón para dar más y más, muchas veces pienso que si el amor de una madre se propagase por el mundo de unos a otros, el mundo seria un paraíso.
Si es cierto que cuando uno es joven estas cosas pasan un poco inadvertidas porque parece que la madre de uno es una especie de "derecho" adquirido de nacimiento, pero con el paso de los años ese"derecho" va adquiriendo ese incalculable valor que tiene una madre, hasta poder decir que si a mis hijos tuviera que faltarle padre o madre, sin dudar digo que prefiero faltar yo.
Hoy, esta “homilía” se la quiero dedicar a todas las madres, a la madre de mi amigo Jasón en especial y a mi madre en particular, por su incalculable derroche de amor hacia sus hijos, y es que cuando hoy pienso en ella….
Que no daría yo
por empezar de nuevo,
a correr por mi barrio
frente a la plaza
Que no daría yo
por escuchar de nuevo,
¡Hay este niño que
llega tarde a casa!
Y escuchar esa voz de mi “mare”
pregonando mi nombre en la ventana
mientras sonreía feliz
viéndome jugar en la plaza.
Para ti, he dicho.